Al igual que las fiestas 3D, las “headphone disco” irrumpen las nuevas propuestas.RM.Chile.

Headphone Disco: los detalles de la primera fiesta para la generación del iPod

Sin ruido, sin efectos, pero con mucho movimiento. Así se vivió en Santiago la llamada fiesta del silencio.

Son las 12.30 de la noche y afuera del Centro Cultural Amanda en Vitacura se agolpa la gente. Algunos famosos toman champaña en coquetas mesitas que tratan de encajar en el glamour tosco de Los Cobres de Vitacura. Los asistentes entran en grupos de entre dos y seis personas. Tienen onda: en su mayoría son altos y caucásicos y visten a la moda.

También hay un nutrido contingente de medios. Como ya es una cábala para este tipo de eventos, nos hacen esperar. Al rato entramos. Hay una escalera negra que desciende a una especie de vestíbulo donde nos explican la ciencia del asunto: todos los asistentes tienen un audífono que abarca dos frecuencias, cada una con un DJ diferente: en un canal -supervisado por el dueño de la licencia, Graham Ferguson-abunda la electrónica y el hip hop, mientra que en el canal B estaba el DJ local.

No sabemos qué nos espera. Se trata de nuestra primera Headphone Disco, también promocionada como la fiesta del silencio. El formato, creado en 2006 en Europa, hacía su arribo por primera vez a Latinoamérica en nuestra capital.

En la luna

En un principio evitamos usar los audífonos y al hacerlo la primera impresión del lugar es extraña. Más de 250 personas se mueven porque sí. Un zapateo sobre el piso de madera marca un ritmo como si se tratara de un desfile militar. Era una fiesta en mute. Aunque ni tanto: allí nos dimos cuenta que de silencio la fiesta tenía poco: saltos, pasos y coreos varios. Era ruidosa, pero no más que una calle. La gente cantaba y se reía, mientras en el cielo nueve bolas de esas que se asocian con el Studio 54 coronaban el cuadro. El primer comentario que hacían al entrar: “Qué freaky, pero está bueno”.

El idioma de los DJ se divide por estilo: el de electrónica habla en inglés y pronuncia cosas como “Put your hands in the air”, mientras que el chileno, cosas típicas de discotecas: “¿dónde están los chilenos?”, “que canten las chicas”, aunque -claro- en versión ABC1. Sólo los escuchan quienes tienen audífonos. De pronto, algo obstruye el entusiasmo from Cachagua del DJ chilensis: luego de un abrupto silencio anuncia que se ha perdido un micrófono y amenaza con parar la fiesta si no aparece. Nadie parece prestarle atención y sigue el jaleo. En todos lados se cuecen habas.

La fiesta personal

En el mundo real, los audífonos se han convertido en una especie de escudo personal. El arma perfecta para aislarse en el metro, en una sala de espera o para evitar conversaciones incómodas en un viaje largo. Acá la idea es que fuera todo lo contrario. Por ejemplo, la frase escogida para romper el hielo era “¿Qué estás escuchando?”.

La mayor virtud de la fiesta era la posibilidad de tener dos ambientes en un lugar. Con los audífonos se podía estar en la pista y sin ellos empezar a conversar sin gritar, algo nuevo en el mundo de la comunicación fiestera. Pero claro, para conversar había que encajar, algo que ninguno logró: En mi caso, le echo la culpa a que mi fenotipo no era compatible con los presentes. Carlos, en cambio, se quejó de que toda la gente llegó en grupos difíciles de romper. Grupos unidos en gran parte por su gusto: ellos con pitillos y camisas abotonadas justo para mostrar pelo en pecho. Ellas delgadas, con vestidos, calzado con plataformas y mucho cuidado capilar. Inalcanzables, fue nuestra conclusión. Optamos por separarnos. Yo terminé conversando con un tipo que al parecer sufría lo mismo que yo. “Con 10 minutos se acaba la novedad”, dijo el hombre que llevaba una polera que decía “YouTube Guata”.

El ruido del silencio

Las fiestas silenciosas no son perfectas. Una pareja discute a una orilla de la pista. Como parece ser un deporte nacional ella recrimina a su pololo, mientras éste trata de tranquilizarla. Axel baila con sus audífonos puestos y yo escucho la discusión. Aunque pienso en intervenir, la solidaridad de género no me da para tanto. Parto a la barra a modo de consuelo. Ahí me encuentro con uno de los puntos a favor de las fiestas silenciosas: no hay que gritar para pedir un trago. Vuelvo a la pista y al tipo lo siguen retando, ya van 25 minutos y la cosa no parece cejar. Muy internacional será la fiesta, pero hay cosas que no cambian.

La partida

A eso de las tres de la mañana se escucha la primera cumbia. Chico Trujillo. La mayoría escucha esa frecuencia y corean “loca, loca, loca… A esa altura de la noche hemos contabilizado cuatro chicas tan rubias como gringas, siete pantalones rojos pitillos, cinco sombreros de ala en lo que parece ser la moda del verano, dos vodkas al piso, un reguetón rechazado (¡no al reguetón!, se escuchó), un canción de Blur, otra de Nirvana y otra de Michael Jackson. Y tres mil cuatrocientos quince gritos femeninos por: entrar a la fiesta, encontrarse con una amiga, escuchar una canción que les gusta, escuchar una canción que no les gusta, etc, etc. Y unos veinte famosillos.

Se esperaban 500 personas -el límite de audífonos-, pero vimos muchas menos. De todas formas, la organización dice que realizarán tres fiestas más, luego de comenzar a probarlas en diferentes balnearios y azoteas. El sistema es a prueba de vecinas reclamonas.

¿Realmente funciona? Con Carlos terminamos coincidiendo en una cosa: cuando lo que se quiere es bailar, todo vale en el carrete chileno. Y más si te dan el control en la punta de los dedos.

Lugar: Centro Cultural Amanda.
Dirección: Embajador Doussinague 1767, Local 0027. Cobres de Vitacura / Ex Multicine.

*No olvides conocer sobre la propuesta de las fiestas 3D que se esperan para Marzo 2011.

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