Pueblos típicos: chilenidad auténtica en este dieciocho

El Totoral, misas a la chilena

El pequeño pueblo de El Totoral es sinónimo de antiguos relatos sobre la independencia. Como la huida de Casimiro Marcó del Pont, el último gobernador español, quien -en su escapar hacia Valparaíso– dejó la figura de la Virgen que ahora ocupa un lugar especial en la iglesia del pueblo. Y, a su vez, la iglesia del pueblo ocupa un lugar especial en el folclor tradicional nacional, gracias a sus “Misas a la Chilena”, que se realizan durante el verano y en algunas fechas especiales, como Fiestas Patrias y las celebraciones de Nuestra Señora de la Merced, el 24 de septiembre. Una buena opción de impregnarse del “espíritu criollo” dieciochero si es que tiene pensado ir al Litoral Central(def), ya que El Totoral se encuentra a sólo a 8 km de El Quisco. Las misas son todo un espectáculo con sus cuecas cantadas y bailadas a la Virgen. Además, una colorida feria artesanal se emplaza en la plaza frente a la iglesia, con productor peculiares como licores de pétalos de rosa y personajes únicos como “el Guatón Mentiroso”, celebridad local cuyo arte es inventar anécdotas del campo poco creíbles, aunque muy entretenidas. También puede disfrutar de un generoso asado en “El Quincho”, restaurante de comida típica, que se ubica en la misma plaza.

Huerta del Maule, huasos y caballos

Ubicado a 28 km de San Javier, este pequeño pueblo de no más de 300 habitantes guarda algunas de las tradiciones huasas más arraigadas de la zona central. Por sus construcciones de adobe fue nombrado zona típica en 1997, y aunque el terremoto del 27 de febrero de 2010 lo afectó profundamente, no pudo con ese espíritu campesino que se ha mantenido desde la Colonia, cuando fue un importante punto de paso del camino real que lo conectaba con otras localidades, como Nirivilo y Purapel. Luego, con la creación de otros caminos, el desarrollo parece haber olvidado a Huerta del Maule -adaptación “ahuasada” de su nombre original, que era “Valle de la Vuelta del Maule”- lo que, a final de cuentas, benefició que las costumbres rurales se preservaran entre viñedos y centenarias haciendas. Aquí, durante las fiestas es común ver el andar de huasos de tomo y lomo, cuecas, bailes y juegos tradicionales. Todo eso también se replica unos días después, el 4 de octubre, cuando se celebra la Fiesta de San Francisco, en la que, además, los huasos galopan alrededor de la plaza en honor al santo patrono, después de participar en un desfile. Huerta del Maule se ubica a 292 km de Santiago y 35 km de Talca, al sur del río Maule.

Cariño Botado, amor con la mesa puesta

Sin duda que los primeros días de septiembre es de las mejores fechas para visitar este concentrado de chilenidad llamado Cariño Botado (San Esteban). La historia es más o menos conocida: los lugareños esperaban al Ejército Libertador con sendos banquetes, pero los libertadores decidieron bajar por otra ruta… y el cariño botado se reflejó en la mesa puesta y sin usar (al menos por las tropas). Pero este pueblo de una calle, bicicletas sin amarrar y perros que duermen al sol y mueven las patas, imaginando quizás qué potreros, tiene mucho por ofrecer. Situado a dos kilómetros desde la plaza de San Esteban, camino a las Termas del Corazón en la zona de Los Andes, es un festín para fotógrafos con sus fachadas de adobe, paisajes campestres de lánguidos álamos y sauces, paredes de barro donde crece pasto y una tranquilidad imbatible. Ahí puede visitar viveros de flores como Las camelias, chicherías como las de Zelaya y Briones, o conocer la cerámica artesanal en los tornos de Manque y ser testigo de la fabricación de delicados objetos de cerámica. Pero quizás lo que mejor habla de nuestra chilenidad sea la cocina y aquí, Cariño Botado, da cátedra. Por ejemplo, en el restaurante Casa e`Campo, donde un costillar al ajillo o una “gallina borracha” (pollo cocinado al vino y servido con champiñones) puede provocar peligrosas siestas.
Más aún si visita la interesante viña San Esteban; y no se sorprenda si a la vuelta de una esquina se encuentra con una “emboscada”: huasos a caballo con banderas chilenas que sorprenden y dan la bienvenida a los agradecidos turistas.

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