Los primeros pasos de la música dubstep en Santiago

Surgió en la escena underground de Londres hace una década y ahora Santiago recibe este ritmo electrónico (1) de bajas frecuencias, que se baila en distintos clubes céntricos. Seguir la cadencia de estas vibraciones encanta, principalmente, a jóvenes.

La fiesta duró hasta que se reventaron los parlantes. Literalmente. A las 3.30 de la madrugada, los equipos de sonido del club Nave Luna (ex Salita, frente al Parque Forestal) comenzaron a echar humo. “No resistieron las frecuencias tan bajas de la música y se quemaron hasta los amplificadores”, recuerda Cristián Silva, conocido como DJ No Señor.

El y su amigo Joel Chávez -alias DJ Bongmaster– son los productores de un nuevo tipo de fiestas que desde fines de 2009 se realizan en distintos clubes de la capital, como Nave Luna, Espacio Cellar (cerca del Metro Los Héroes), el Centro Arte Alameda, Grand Central (Providencia) o en el club Santos Dumont (1), en Recoleta. Se llaman Smoke Dubstep y, como lo indica el nombre, en éstas no se escucha más que música de ese tipo.

El dubstep, un estilo de música electrónica que surgió a comienzos de la década del 2000, en la escena underground de Londres, se caracteriza por sonidos con frecuencias muy bajas -debajo de los 80 Hz- y que marcan la melodía. “Es difícil de explicar, porque la música se puede percibir como rápida y lenta al mismo tiempo. Pero lo que la distingue son los bajos muy intensos; tan intensos, que se sienten en el pecho, en el estómago, en la piel”, cuenta Chávez.

A Santiago, este estilo empezó a llegar tímidamente hace 10 años, a eventos en los que predominaba el drum & bass, otro estilo de electrónica que se hizo popular a fines de los 90. Según Freddy Musri, conductor del programa radial Nación Eléctrica, que se transmite en Radio Uno, “a través de esta corriente musical comienza a filtrarse el dubstep aquí, justo cuando en Europa y EE.UU. estaba pegando fuerte entre los adolescentes y treintañeros”, dice.

El mismo Musri atribuye la masificación de esta clase de sonidos a los eventos organizados por el DJ Fat Pablo y a sus programas de radio, como Tambores y bajos y, posteriormente, Caja de ritmos. “Luego aparecieron fiestas como Bass Invaders, que también se realizaban en el Centro Arte Alameda. Llegaba mucha gente y se generó un mercado, alimentado por las ganas de cosas nuevas entre los adolescentes, veinteañeros y gente de 30″, asegura.

Pero no fue hasta hace dos años que ya empezó a colonizar los espacios nocturnos de la capital. Por lo mismo, los creadores de las fiestas Smoke Dubstep, Silva y Chávez, dicen no haber sido los pioneros en tocar este estilo, pero sí los primeros organizadores de fiestas 100% dubstep. “Debutamos a fines de 2009, en el Centro Arte Alameda. Hicimos un evento gratuito, para ver cómo nos iba”, cuenta Chávez. El lugar se llenó y por eso los invitaron a seguir presentándose.

Según Silva, el tema de encontrar un recinto con las condiciones acústicas apropiadas ha sido la piedra de tope. “Las frecuencias bajas traspasan las paredes, retumban en las estructuras, y es muy habitual que lleguen los carabineros, porque los vecinos alegan. Entonces, no queda otra que bajar el volumen”, dice.

En cambio, otras veces, la diversión se acaba por completo. Luis Díaz, administrador de Espacio Cellar, cuenta que “en una noche de dubstep, reggae y otros ritmos parecidos, fue tanta la intensidad, que llegó la policía a cerrar el evento”.

A pesar de eso, las sesiones de esta corriente importada desde Londres continuaron itinerando por la ciudad, una vez al mes y en distintos lugares. “Avisamos la fecha y la locación a través de Facebook, donde tenemos un perfil con cerca de 2.000 ‘amigos'”, explica Silva.

Según estos DJ, el público es muy variado: “Gente desde 18 años hasta adultos. Hay fanáticos no sólo de la electrónica, sino también del rock, hip hop y reggae, entre otros. Porque el dubstep incluye a esta variedad de estilos”.

Si bien esta música está emparentada con la electrónica, la estética de las fiestas no es cargada a los colores flúor, como ocurre en los eventos de trance (otra corriente musical). “Es una ambientación muy oscura, para que la gente pueda concentrarse en la música. Apenas usamos un foco de rayos láser, sin más parafernalia ni decoraciones”.

Otra característica es que los sonidos siempre provienen de discos de vinilo. “No utilizamos pistas grabadas ni computadores. Es una manera de compensar la carencia de instalaciones acústicas óptimas para este tipo de música. Los vinilos ofrecen una calidad superior”, cuenta Silva.

La mayoría de éstos los encargan a través de internet a Inglaterra, pero también han comprado uno que otro en locales de la capital. “Se pueden encontrar algunos en la disquería Sonar, en el Paseo Las Palmas, o en las tiendas B Music, que están en el Parque Arauco y Providencia. Pero la oferta es limitada, hay una o dos opciones”, dice Chávez, quien ya tiene una colección que ronda los 400 títulos con discos de este ritmo, entre los que figuran algunos nombres de artistas emblemáticos de esta corriente, como Digital Mystikz, Loefah y Coki, todos ingleses.

Eso sí, por ahora, habrá que esperar un rato para poder asistir a una sesión Smoke Dubstep. Chávez y Silva están esperando a que acabe el verano para retomar estos eventos, que ya llevan algunos meses sin realizarse. “En marzo vamos a producir una”, adelantan.

Lugar: Club Nave Luna
Dirección: Merced 142.Parque Forestal.Santiago de Chile.Chile

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