Catalina Mena en Galería Isabel Aninat Marzo 2012

El día Martes 13 de Marzo se inauguro la exposición de Catalina Mena.

La labor artística desarrollada en los últimos años han colocado a la artista en una situación privilegiada en el desarrollo del arte en Chile.

Los estudios de arte en la Pontificia Universidad Católica y Magíster en la misma casa de estudios con Roberto Farriol como profesor guía de la tesis que presentó a la comisión sobre materiales inusuales.

En su carrera artística ha expuesto con gran éxito en galerías como Moro, Cecilia Palma, Centro Cultural de España y en Ferias internacionales donde se presentó con éxito, contamos Arte Ba, Expotrastiendas, ArtBo (Bogotá), Pinta (Londres) y en exposición como Rasgos emotivos, Galería Enlace Lima, bienal de Santa Cruz Bolivia, donde ganó una distinción.

Léxico Doméstico

Dos (2) instalaciones y obras objetuales componen la muestra que se exhibirá en Isabel Aninat. Las dos obras aluden a lo domiciliario, a la incertidumbre del trabajo laboral que se desarrolla en lo habitacional, a lo no visible que rodea el léxico de lo que se calla y no se dice.

Sonia Montecinos, la destacada antropóloga, se ha encargado del trabajo de elaborar la presentación de esta muestra que promete ser la partida de una temporada que se inicia con despliegue de ideas y talento.

Al filo de lo domestico.Armas blancas de Catalina Mena.

Esa idea de la domesticidad, del reino de lo íntimo asociado a lo femenino y a sus antiguos espacios protegidos -a la figura apacible del hogar-, tiembla y se cuestiona en esta obra Léxico Doméstico de Catalina Mena. En un registro polivalente de la posición de la mujer, espejeada en los artefactos y en la configuración de su obra, bastidores, alfileres, cuchillos, hilos, imperdibles, van elaborando un lenguaje de dobles y triples grafías en el cual ciertos símbolos operan como metonimia de la feminidad o bien pueden leerse a la manera de una condición agazapada en los bordes agudos de sus cantos y puntadas.

Los materiales con los que Catalina Mena elabora esta obra son fragmentos del mundo doméstico que se descuelgan del universo de la cocina, del bordado, de la costura. Desde la cocina, cuchillos que remontan al más arcaico de los instrumentos con que las cocineras elaboran los platos, pero sobre todo con los que trozan las carnes, pican verduras, evocando aquellos que abrían los corazones de animales y seres humanos en los rituales sacrificiales que dieron origen a las religiones. Los cuchillos de Léxico Doméstico emergen desde una suerte de velo nocturno, junto a una representación de la mesa doméstica, cientos de diversos cuchillos penden atemorizantes, entre la penumbra, como filosas espadas de Damocles. Esas series de puntas aguzadas traen al matarife y a la escena de un crimen atrabiliario, recuerdan la violencia doméstica y el arma blanca con que se defienden las mujeres, pero también sus muertes atravesadas por las hirientes hojas del viejo instrumento. Sin embargo, los reflejos del acero filudo son intervenidos por Catalina Mena perforándolos, acanalándolos, rompiendo la superficie lisa de los cuchillos para inscribir palabras. De ese modo, el instrumento cortante, sin perder sus capacidades lacerantes, se transforma en un “arma de doble filo” porque potencialmente puede accionar desde el gesto violento del escalpelo, pero también desde el intangible de la palabra perforada. La creadora escribe entonces una palabra que horada sin instrumento, sino con una grafía agujereada en este, veteándolo de una doble espesura: la del lenguaje escrito y la del ademan condensado en su acerbo. Cada una de las palabras bordadas y horadadas en las hojas metálicas son un universo en sí mismo que retrotrae a la inmensidad del léxico que se instala en lo privado: Fiel, ceder, familia, ruido, soñar, culpa, culpar, silencio, libertad, verdad, amar, olvido, cariño, deseo, existir, razón, sexo, sexual, creer, mentir, gozar, goce, cuerpo, dócil, promesa, seguridad, verdad, futuro, engaño, destino, soledad, presente, pasado, futuro, mujer, hombre, padre, madre, hijo, hija, envidia, plenitud, conciencia, mentira, experiencia, fantasía, pureza, vacío, angustia, felicidad, masculino, femenino, cansancio, entre otras van configurando la densa trama del cotidiano vivir. Bordes materiales e inmateriales en que, por cierto, lo doméstico y hogareño se afinca, se esconde y provoca escalofriantes posibilidades cuando la mesa está servida.

Se desgaja también de ese mundo en que la cultura ha posicionado lo femenino, los bastidores de bordado que inundan como redondeces, contornos, ruedas, la atmósfera de Léxico Doméstico, construyéndose en una suerte de archipiélagos orbiculares que se desplazan como leves burbujas en el perímetro presencial y obligado del cuadrado. Ya no bastidores en que la aguja y el hilo de color dibujan una escena, una flor, una guarda de punto cruz, o una superficie aglomerada de puntada atrás, sino palabras, tazas, jarros y geometrías. El lenticular bastidor del bordado es transfigurado por Catalina Mena en el soporte de una escritura que usa las múltiples posibilidades que el lienzo blanco le permite, en su lisa extensión, para acolchonarlo, hilvanarlo, poblarlo de hilos, pero sobre todo para producir una nueva manera de escribir con alfileres. Una escritura que podríamos denominar con el neologismo de “alfilerar”, en la cual las palabras adquieren nuevos sentidos al ser inscritas con esas pequeñas agujas cuya característica es tener una punta afilada en un extremo y en el otro una cabecita. La función del alfiler es sujetar unas cosas con otras, unir aunque no definitivamente. Los verbos ser, hacer, habitar, callar, haber, desear, sentir, junto al silencio, el olvido, la memoria, la ilusión y el tiempo son alfilerados en los bastidores que Catalina Mena dispone en relación a los cuchillos horadados de grafías que amenazan. Ahora son esas agujas las que escriben las acciones más afincadas en la vida en común, en la privada temporalidad de lo doméstico. Es como si se tratara de “asuntos cogidos por alfileres”, es decir que poseen poca firmeza, que pueden caerse de un momento a otro, que están como suspendidos en el paso previo a su consolidación en un espacio y en una subjetividad. Las uniones de estas palabras alfileradas son provisorias en su materialidad, pero son inquietantes y poderosas porque interrogan , precisamente, a aquello que parece unido para siempre, a esas zonas tenidas por apacibles y perdurables, pero que no son más que fantasmas, sombras que los alfileres delinean en su aguijoneante tarea de decir que todo puede transfigurarse. Al hilal es el origen árabe del alfiler, definido como “entremete”, esa astilla punzante que se entremete en los tejidos para sujetarlos unos con otros (RAE). En los bastidores de Catalina Mena, sin duda, hay una infiltración “puntada”, femenina y rebelde a la simple escritura de las verdades domésticas y del juego de las mujeres y de los hombres en el espacio de lo privado –que finalmente no es sino ese microcosmos redondo, solar, lunar, circunferencial que la creadora enuncia y denuncia.

La costura, ese otro oficio casi adosado a la piel femenina, ya sea en su factura o en sus productos, emerge también en Léxico Doméstico, en el uso de los alfileres, pero sobre todo en el pespunte y en el hilván que “costurea” –en el sentido mismo del chilenismo- una nueva expresión de las labores tradicionales y del arte. Los alfileres son unidos por hilos, costureados, uniendo lo provisorio, cuya expresión notable aparece en el conjunto de bastidores del cual emergen los pronombres personales. Allí los plurales nosotros y vosotros están encerrados en los círculos más grandes hasta llegar a los más pequeños del singular yo, tú, él; esas constelaciones potencialmente existentes y desunidas son costureadas, hilvanadas, enrejadas por hilos que las conectan en un espacio que se sale del bastidor. Los pronombres dejan de ser así archipiélagos para convertirse en una red de sujetos colectivos e individuales que se interconectan gracias a la paciente labor de la que costurea y que va produciendo, casi como un caracol, una estela de hilados sociales y psíquicos en los cuales el yo, el ustedes, el nosotros se entreveran, cohabitan y se expanden hacia un universo “en-redado”, pero como ya dijimos, temporal, momentáneo, casi efímero.

En todo el recorrido que nos propone Léxico Doméstico, resuena el suave crujido de una hora de onces, de una mesa dispuesta para tomar el té, de los recipientes que deben llenarse de alguna manera y que, incansables, se asoman en el cosmos de los bastidores. Otra dimensión femenina y “nacional” que surge deconstruida, desordenada su clásica estructura porque las tazas no tienen platos y así como los cuchillos se repiten en su unicidad filuda, las tazas y cuencos lo hacen en su cotidiana resonancia y diálogo con las palabras alfileradas. De algún modo está presente en los archipiélagos circulares el jugar a las “tacitas” retrotrayendo al curso de la infancia que deviene en adultez y que acompañan todo el ciclo vital; tazas y jarros donde el líquido de la vida fluye cercado de pespuntes o dentro de éstos, como testimonio mudo de las conversaciones que los poderosos verbos ser, hacer, habitar, callar, haber, desear, sentir, junto al silencio, el olvido, la memoria, la ilusión y el tiempo han producido. Los elementos de la hora de onces, esos cuencos, surgen fantasmales como comensales quietos, a punto de desaparecer y se instalan como reflejo de todos los trazos que pueblan Léxico Doméstico, es decir como efectos y ecos del lenguaje que ha querido unir algo, un estado de ánimo, una incorporación, un lenguaje, un afecto.

Los signos y grafías domésticas que Catalina Mena ha elaborado con sus filudos cuchillos, sus bastidores circulares, su mesa, sus tazas, sus jarros y sus palabras alfileradas -agujereadas en el metal o claveteadas en el albo lienzo-, parecen querer advertirnos que el “filo de lo doméstico” en el cual se balancea lo femenino puede convertirse en “arma blanca”, es decir en un peligroso vértigo, en un devenir siempre imprevisible. Rompiendo la tradicional imagen del domus, Catalina Mena formula, alfileradamente, preguntas que tras su leve apariencia (los hilos, las pequeñas agujas, los bastidores, las tazas) descubren los agudos cantos, las afiladas hojas, que amalgaman las cosas del día a día. Al filo de lo doméstico, es decir cerca de, al borde de algo que parece ser y que no es Léxico Doméstico conmueve y perturba de manera polifónica el acontecer de la vida privada.

Actividad: Exposición Catalina Mena
Lugar: Galería Isabel Aninat
Dirección: Espoz 3100, Vitacura, Santiago.Chile.
Teléfono: (+56-2) 4819870 / 71
Correo: contacto@galeriaisabelaninat.cl

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