Laberintos de cachureos al aire libre

Coleccionistas y curiosos se vuelcan a los persas para pasear entre sus puestos, regatear y comprar antigüedades, curiosidades y ropa de segunda mano.

Bajo el sol de primavera, una hilera de coches y coloridos andadores recibe a los visitantes del Persa Teniente Cruz, en Pudahuel. “Amiga, hay rosados y celestes, acá tenemos de todo”, advierte en voz alta el vendedor, mientras intenta atraer a una madre con su guagua en brazos.

Catalogada como la feria libre más grande de Santiago, en ella conviven cada fin de semana cerca de 1.500 puestos, que repletan una de las veredas de esta avenida del sector poniente de la capital. Los comerciantes se distribuyen en cuatro bandejones dobles. Ahí ofrecen -sin tregua- ropa, libros y juguetes, entre otros artículos inclasificables.

“Lo del montón es 1.000”, vocea Edith a todos quienes se acercan a revisar cerros de ropa encima de un tablón. “Son puras cosas nuevas”, explica mientras mueve las prendas de mujer y de niño con etiqueta y precio en dólares.

De lejos se escucha un sonido constante y ronco. Son varias jugueras que giran incansablemente mezclando agua y frutas. Los jugos naturales son la especialidad de Teniente Cruz. En cajas transparentes esperan su turno arándanos, frutillas, kiwis, piñas y plátanos para ser procesados. Porque también hacen batidos con esas frutas.

Las brochetas. Lo de este persa también son estos pedacitos de carne asada que inundan con su olor el ambiente. Al frente, una gran pizarra anuncia un cebiche de reineta y un mariscal.

La gente se pasea vitrineando y regateando. Algunos se interesan en las bicicletas y repuestos; otros, en las alfombras, los paquetes de mate, las bombillas antiguas y en los termos (uno de ellos bautizado como el “mate mágico”, porque el agua nunca se enfría).

El sábado es el único día que se instala el persa de Grecia, entre Los Molineros y Av. Tobalaba. Dos jóvenes con carros de feria seleccionan entre un montón de ropa lo que van a llevarse. “Tenemos una tienda y venimos de Providencia a comprar cosas para transformar o para usar las telas y hacer vestidos o polleras. Sale barato y te llevas cosas exclusivas”, dice Cristina, mientras su compañera, con ojo experto, separa un pantalón de terciopelo de $ 500.

Las fashionistas que nunca compran sin mirarse al espejo acá encuentran locales con pequeños probadores que facilitan decidirse por una u otra oferta. Y ojo, que mientras más empinada la Av. Grecia, más sorpresas. Como el rincón de “Justo Navarrete”, un paraíso para motoqueros y amantes del vestuario 100% cuero.

Los domingos, en San Joaquín se instala la Feria Muzza. Por la calle San Nicolás, en el paradero 11 de Santa Rosa, se intercalan puestos de frutas y verduras con otros dedicados al vestuario, los juguetes, los lentes y los cachureos.

“Estos son los mismos zapatos que le vendo a tiendas en el barrio alto”, dice César Garrido, quien atiende uno de los puestos más llamativos del mercado. Sus zapatos y chalas artesanales siguen la tendencia de la moda hippie chic, hechos con planta de goma y lonas estampadas de alegres colores. “Si tu número no está, te lo fabrico y puedes pagarme con tarjeta”, explica, haciendo notar que el persa no está ajeno a la tecnología.

Otro persa imperdible es el de José Arrieta, en Peñalolén. Se pone los domingos y jueves desde la intersección con Ictinos y trepa por el costado poniente de Av. Arrieta hasta tocar Tobalaba. Ahí se ofrece toda la gama posible de verduras, frutas, aliños y ensaladas para llevar, mientras en los pasajes laterales está el sector de cachureos. Sobre paños en el suelo hay muchas cosas de casa, loza tipo gres, manteles, repuestos de bicicletas, juguetes nuevos y usados y telas. “Son especiales para tapizar, porque tengo lonas, cretonas y gobelinos”, invita Gloria, la vendedora, mientras estira un rollo de género suave y cuya calidad salta a la vista. “Ese vale cuatro mil el metro…, el resto, tres mil”, dice.

Más allá, una pareja no deja de hacer preguntas a un joven que resulta ser peruano y que vende todo tipo de productos importados desde su país para cocinar. Maíz morado, papa seca, el famoso aliño Ajinomoto, legumbres desconocidas, rocoto, yuca, fideos para saltear, Inka Cola y hasta tarros de leche condensada semidescremada son parte de un stock que renueva constantemente y que tiene fieles compradores.

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