Pedro Montes: el galerista que rescata el arte chileno de los años 70 y 80

En cinco años, el coleccionista y dueño de galería D21 ha reunido obras de artistas emblemáticos, como Leppe, Dittborn y Downey.

Para muchos, los 70 fue una década paradójica: dura en términos políticos, trágica en saldos sociales, pero esos años de ruptura histórica alimentaron el arte más rabioso y radical que se ha hecho en Chile. Figuras como Eugenio Dittborn, Alfredo Jaar, Juan Dávila, Carlos Leppe y Paz Errázuriz surgieron en dictadura y hoy son reconocidos como los fundadores del arte contemporáneo local. Sin embargo, muchas de sus obras se perdieron o quedaron registradas como meras descripciones en catálogos de páginas amarillentas. Eran los tiempos de las performances efímeras, en galerías pequeñas, y de obras hechas con materiales precarios. Muchas no resistieron el tiempo. Pero siempre queda algo.

Eso lo sabe el coleccionista Pedro Montes, quien en los últimos cinco años se ha dedicado a rastrear y rescatar algunas de las obras emblemáticas de los 70 y 80. No ha sido fácil. “Al principio era un misterio. Dónde ir, qué buscar. Estudié los archivos y fotos de la época, hablé por horas con los artistas”, dice.

A Carlos Leppe, por ejemplo, lo persiguió tres años. Le compró obras, le ayudó a rastrear otras y ahora reúne su última producción de pinturas en galería D21, el espacio que Montes abrió en 2010 en el departamento 21 de Nueva de Lyon 19, en Providencia. Un piso más arriba, en el departamento 31, Montes guarda otras obras históricas del artista, pionero de la performance en Chile. Allí hay fotos de la Acción de la estrella, de 1979, cuando Leppe se afeitó en la nuca una estrella emulando a Duchamp. También está la reedición de las fotos de El perchero, de 1975, performance donde Leppe se viste de mujer. “Se hicieron cinco nuevas copias que ya están entre el Reina Sofía de Madrid, la colección Cifo de Miami, Proa de Argentina, otro coleccionista privado y yo. Es la única que hay en Chile”, cuenta quien, además ,prepara una caja de acrílico con fotos de la Acción de la estrella, de Leppe, de la que se venderán cinco copias. “Los coleccionistas aquí son muy dispersos. Pocos se concentran en un período o en un puñado de artistas. Hay poca sofisticación, la gente prefiere el arte más sencillo”.

De profesión abogado, Montes trabaja en una inmobiliaria, la empresa familiar, pero su pasión es coleccionar. Partió con la literatura, primeras ediciones de Huidobro, Lihn, Teillier y Parra. El paso al arte fue natural: una de sus primeras compras fue una obra de Carlos Altamirano que intervino el poema Purgatorio, de Zurita. Así, al mismo tiempo que fundó la editorial Pequeño Dios, abrió su galería de arte.

Hoy posee más de 100 obras, entre ellas, aeropostales de Dittborn, dibujos de Downey, fotos de las acciones del Cada, óleos de Dávila y una pieza de Lonquén (1989), de Gonzalo Díaz. “Me gusta el arte conceptual y creo que es un deber rescatarlo. Afuera se pelean obras como éstas, desde 30 mil dólares, y acá valen 10 veces menos. Las instituciones no se hacen cargo y no compran obras. Mi idea es abrir mi colección, que la gente la vea y cobre valor”.

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