Las caballos salvajes de la Patagonia

Torres del Paine es el parque donde se promueve la observación de equinos indómitos, considerados un patrimonio de la reserva.

Habitaron en las estancias de la Patagonia y luego, con los años, se asentaron en un sitio tranquilo. Es la teoría que explica la presencia de manadas de caballos salvajes que habitan en el Parque Nacional Torres del Paine, en la Región de Magallanes, donde esos animales sin dueño se han convertido en un atractivo turístico para cientos de visitantes que llegan cada año a la zona.

La Corporación Nacional Forestal (Conaf)(1), entidad encargada de administrar esa área protegida de 242 mil hectáreas, espera entregar la concesión este año de un servicio turístico a una empresa para que pueda realizar toures guiados para la observación de estos ejemplares.

Una de las firmas que está postulando es Horse’s Path, la que efectúa recorridos para grupos de interesados, pero en forma ocasional al norte del sector de Laguna Azul, donde pululan unos 100 caballos indomados. Víctor Moraga, uno de los dueños de la compañía, explica que “este verano podríamos partir de forma más sistemática, pero no de manera diaria. Hay cada vez más personas que los quieren observar y sacar fotografías porque son un patrimonio de este parque y uno de los pocos sitios de Magallanes donde se pueden ver”, sostiene.

Juan Ivanovich, jefe de áreas protegidas de Conaf de la XII Región, sostiene que estos animales les conoce popularmente como“baguales”. Cuenta que entre 1975 y 1977, se le anexaron estos predios al parque nacional, los que por décadas habían sido terrenos privados que habían estado destinados a la explotación ganadera. “En esos reductos quedaron esos animales en forma libre, que al estar en un sitio protegido se quedaron, reprodujeron y adoptaron el estado salvaje”, sostiene Ivanovich. Pero el origen de estos animales en la Patagonia va más allá: Ivanovich sostiene que incluso hay registros en la historia de que las comunidades indígena tehuelche de la Patagonia también convivía con estos equinos, de los cuales ocasionalmente obtenían productos como cuero. A su vez, estos animales habrían llegado a la zona más austral del continente tras haber sido internados por los españoles que llegaron a Tierra del Fuego.

Víctor Moraga, quien es médico veterinario, añade que el tour que se ofrecerá desde 2013 tiene como fin “que los turistas interesados salgan a caminar, si quieren a través de trekking, para poder encontrar a los caballos. Se puede caminar desde una hora o hasta tres, dependiendo de dónde están ubicados. Es una aventura”. De hecho, el logró encontrarlos hace unos cinco años, luego de una expedición con otros jinetes amantes de estos ejemplares.

El objetivo de Moraga es comenzar un proyecto similar a los que se hacen en Estados Unidos. En esa nación hay santuarios donde se pueden visitar los equinos, los que son protegidos por organizaciones conservacionistas realizan campañas para protegerlo.

Moraga añade que el caballo que habita en el Paine es similar al chileno: robusto y una altura de la cruz de 1,5 metro. Pero muestran una diferencia: las patas delanteras poseen una mayor musculatura, lo que estaría relacionado con las grandes extensiones que caminan. La mayoría de los equinos es de color bayo o alazán.

En los circuitos que se ofrecen se pueden observar a los ejemplares a más de 100 metros, con el fin de mantener sin intervención el espacio natural en que habitan.

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